de camino a casa, he pasado por delante de un colegio. era la hora del recreo, y el patio estaba lleno de niños y niñas gritando, riendo, alborotando.

no he podido evitar pararme un ratito a verles jugar. pensaba en las pocas cosas que a estas alturas podemos hacer a la vista de todo el mundo pero sin sentirnos observados.

de repente, uno de ellos me ha sacado de mi nube particular:

"¡hola, señora!"

he tardado unos segundos en darme cuenta de que se dirigía a mí. entonces he sonreído, pero no a él, sino a mi nuevo reflejo.

"¡hola, señora!", ha vuelto a gritar, al ver que yo sonreía.

"¡hola, niño!", le he gritado yo. y los dos hemos sonreído al vernos reconocidos en el otro. y me ha encantado ser una señora.