de camino a casa, he pasado por delante de un colegio. era la hora del recreo, y el patio estaba lleno de niños y niñas gritando, riendo, alborotando.
no he podido evitar pararme un ratito a verles jugar. pensaba en las pocas cosas que a estas alturas podemos hacer a la vista de todo el mundo pero sin sentirnos observados.
de repente, uno de ellos me ha sacado de mi nube particular:
"¡hola, señora!"
he tardado unos segundos en darme cuenta de que se dirigía a mí. entonces he sonreído, pero no a él, sino a mi nuevo reflejo.
"¡hola, señora!", ha vuelto a gritar, al ver que yo sonreía.
"¡hola, niño!", le he gritado yo. y los dos hemos sonreído al vernos reconocidos en el otro. y me ha encantado ser una señora.

¡A mi también me gusta sentirme como una señora! pero solo a ratos, otras veces me gusta camuflarme entre mis niños y pasar desapercibida.
Esta mañana, en el mercado, rodeado de señoras de verdad, el tendero se dirigía a ellas con términos como "corazón", "cariño" o "reina" siempre finalizando con "que te pongo". Cuando me ha tocado a mi estaba pensando como me iba a llamar, y le he agradecido muchísimo que me llamara "chaval". Ni "señor" ni "caballero", solamente chaval. Se ha ganado un cliente.
Como las señoras de 35 años ;) ...
He empezado un poco tarde a leer este blog, aconsejado por alguien especial... El caso es que he llegado aquí y al leer la entrada he podida verla y la emoción ha hecho que mis ojos se llenaran de lagrimitas. Gracias.
Felecidades por tu "amandarinada".
aeropuerto73, me emociona esto que me dices... muchas gracias por sentir mis espejismos :-)