si por mí fuera, no habría navidad. no es que no me guste, es que me empacha.

a pesar de la magia de los rodaballos, de la ilusión de los regalos, de los reencuentros con los amigos, de la alegría de los niños, de las conversaciones con los mayores, los medianos y los pequeños... acaba sentándome mal. aún me dura la digestión de la última.