salgo de la oficina y llueve que rabia. me muero de ganas de mojarme, pero así no. corro al autobús, deseando que dure la tormenta hasta que llegue a casa, deje las cosas, me ponga mis botas de lluvia y...

...dejó de llover. y es que ya sé que todo lo que salta hay que pisarlo. pero a veces se me olvida.